Parece Suiza, pero es Mexico, Restaurante La Escondida es un encantador restaurante ubicado en el kilómetro 38.5 de la carretera México-Toluca, rodeado de naturaleza en la Marquesa. Su arquitectura de estilo austriaco y su entorno boscoso con ríos y cascadas lo convierten en un sitio único y escondido a una vista simple.
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La Escondida es un restaurante en el Parque la Marquesa que ofrece un impresionante vista de la naturaleza y exquisita gastronomía.
El Estado de México cuenta con hermosos lugares donde puedes disfrutar un excelente día, como este restaurante llamado «La Escondida» en la Marquesa.

Su conexión con la naturaleza, las actividades de aventura y su basta gastronomía te garantizan pasar un estupendo día.
La Escondida tiene una gran historia en la Marquesa, pues lleva abierto desde 1959 atendiendo a miles de visitantes en sus instalaciones.

Ofrece desayuno buffet los fines de semana con música en vivo, lo que lo convierte en un lugar perfecto para disfrutar en familia y relajarse en contacto con la naturaleza.
Monasterio del Desierto de los Leones
El Desierto de los Leones es un lugar mágico y lleno de historia, situado en las afueras de la bulliciosa Ciudad de México, en la Sierra de las Cruces; que por sus cualidades de este encantador sitio histórico y natural, es perfecto para aquellos amantes de la naturaleza, los misterios y las aventuras interesantes.

Antes de ser declarado Parque Nacional en el año 1917, fue el refugio de los monjes de la Orden de los Carmelitas Descalzos, quienes buscaban un lugar lejos de la ciudad para cumplir sus votos. No obstante, gracias a los movimientos independentistas de 1810, se convirtió en cuartel militar y eventualmente fue abandonado hasta su posterior restauración.

Una visita a otro mundo
Los mexicanos somos fieles creyentes de las leyendas en los lugares abandonados, el ex Convento del Desierto de los Leones es un espacio que cuenta varias de ellas.

Los acontecimientos paranormales son uno de sus mayores atractivos, pues de acuerdo con algunos visitantes, caminar sobre los pasillos del lugar es sinónimo de escuchar lamentos, y entrar a la cocina se convierte en una aventura donde las sillas se mueven y las luces se prenden y apagan solas. Pero si la curiosidad es mayor que el miedo, permanecer en el silencio absoluto de sus interiores permite escuchar cantos y rezos de los monjes que allí vivieron.


